de març 03, 2006

The Gambia




En estos tiempos que corren, ávidos de globalización, creemos desde el vértigo de la vida en el primer mundo que ya no quedan lugares sin explorar. Llegamos a todas partes, e inundamos cualquier rincón del globo con aire acondicionado en los meses de verano. Sin embargo aún es grato encontrar un lugar donde el tiempo se detiene y las horas se suceden como antiguamente, a ritmo solar.

En un lugar del planeta, donde la luz eléctrica es un escaso bien que pocos conocen y algunos solo de oídas, todavía salen los muchachos de sus chozas de paja para saludar con la mano al solitario autobús que cruza por las casi inexistentes carreteras que unen la Costa Atlántica y la capital Banyul, con el indómito interior del país, marcado por el río que lleva su nombre: Gambia.

Gambia representa el África Interior, o el África interior está representada en Gambia, da lo mismo. Sus fronteras con sus vecinos Senegal y Malí no son más que producto de caprichosos designios colonialistas, materializados a regla y a compás, sobre el mapa de los pueblos. Mientras que sus gentes y modos de vida, son los mismos y apenas han variado en el correr de los años. Estas gentes siguen viviendo de su trabajo en la tierra y la pesca en su río, siguen reuniéndose en sus mercados diarios y no han oído nunca hablar de un supermercado ni falta que les hace.

Gambia fue para los ingleses y norteamericanos, recurso inagotable de esclavos arrebatando de pueblos como Jufru hombres como Kunta Kinte. Con el sarcasmo que da el correr de los años, un guía en Georgetown nos explica como los gambianos agradecen a sus esclavistas de Europa que un día no muy lejano abolieran la esclavitud y la sustituyeran por un método más rentable a la metrópoli; la colonia. Y así fue y así ha sido hasta 1965, año de la independencia de este pequeño país.

Y desde entonces y mientras tanto, los Gambianos siguen pescando en el océano Atlántico, y en el caudaloso Gambia, recolectando el fruto de los mangos y esmerándose en sus cosechas de cacahuetes, máxima fuente de ingresos del país hasta que algún día a alguién se le ocurrió que podrían tener turismo. Ahora podemos viajar a Gambia y recordar un poco de aquella historia que hemos transformado en nuestros libros hasta minimizarla y olvidarla. Aún así, y después de todo, los muchachos de Gambia siguen saliendo de sus chozas de paja para saludar con sus manos a un autobús solitario, a la vez que gritan desde la lejanía: “tubabu” que significa: hombre blanco. Otros echarían a correr sólo de recordar tales hechos, ellos no se cansan de sonreír y saludar sin un solo atisbo de rencor en sus blancas sonrisas.