de juny 08, 2006

El regreso; Londres


No me lo planteaba, sinceramente. Ni pense que me causaría tanta satisfacción volver a pisar tierras inglesas. Era una alborotada adolescente cuando llegue a la ciudad del grunge y a menudo, los adolescentes, tienden a olvidar.

Habia borrado de mi mente el camino desde Notting hasta mi querido Portobello; la casa dónde tomaba té de jazmin ya no estaba, en su lugar un acogedor pub de paredes de ladrillo, chimenea y cuadros a lo pop art sustituía la oscura teteria donde mil veces me habia recostado en sus cojines.

Esta vez no vi a la menuda Wendy James, con la que solía tropezarme en mi pubertad y cuyo "I don't care" todavía me sacia de libertad cuando las circunstancias agobian más de lo debido. La eche de menos, pero pude adivinar que no debia andar lejos de su amada Portobello.

Alli seguía mi colegio; me acerque hasta su puerta, donde años antes me fumaba mis primeros pitillos y aún hoy, y por desgracia, sigo con el mismo horrible hábito de entonces.

Volvi al Soho, pero encontré que Carnaby ya no era ni tan siquiera la sombra de lo que dicen un día fue. Mi Soho de prostitutas y discos de segunda mano, ya no existía. En su lugar un bufeet de yo-sushi y algunos bares que ni siquiera son de ambiente.

Por suerte, siempre nos quedará Covent Garden; las mismas tiendas, las mismas terrazas, la misma gente. Allí me senti de nuevo, la a niña de quince años que un día llegaba de su Levante Feliz a la gloriosa Londres; sonreí con los mimos callejeros y con los zancudos charlatanes, y poco a poco el inglés se volvió más facil y asimilable. Disfrute de un mal cafe ingles y aburrí a mi compañero con historietas de mi vida en la city.

Esta vez, querida ciudad, espero tardar menos en volver.